Dibujo técnico y planimetría arquitectónica detallada. Planos constructivos rigurosos y despieces milimétricos.
Diseñamos y dibujamos planos arquitectónicos y de ingeniería que cumplen con la normativa local vigente para Zipaquirá, Bogotá y Cundinamarca. Desde planimetría de distribución y zonificación funcional hasta despieces de detalles, cortes técnicos y fachadas.
Esta documentación permite solicitar cotizaciones exactas a contratistas, obtener licencias de construcción y asegurar que la construcción final siga las especificaciones estructurales sin desviaciones.
Medición exacta del estado actual del inmueble y propuesta de nuevas plantas de distribución y muros.
Dibujo técnico de cortes longitudinales, transversales y elevaciones para visualizar alturas y acabados exteriores.
Ubicación exacta de tomas de corriente, interruptores, redes y distribución de luminarias técnicas.
Planos de despiece de baños, cocinas, enchapes, zócalos y carpintería arquitectónica.
Distribución de cada nivel con cotas, muros, vanos y cuadro de áreas. Es la base de todo el paquete y lo primero que revisa la curaduría.
Secciones verticales y vistas exteriores con niveles, alturas y especificación de acabados de fachada.
Puntos de luz, circuitos, tomas, interruptores y tablero. Sin esto, la instalación eléctrica se improvisa en obra.
Redes de agua fría, caliente, desagües y ventilación, con diámetros y pendientes.
Despiece de cocina, closets, muebles de baño y carpintería fija, con medidas y herrajes. Es lo que permite fabricar sin improvisar.
Ampliaciones de encuentros: enchapes, cielos, zócalos, impermeabilizaciones y remates. Donde se gana o se pierde la obra.
Pisos, enchapes, pintura y cielos por ambiente, con referencia de material y cuadro de áreas por superficie.
Cuando el proyecto lo requiere, coordinamos con ingeniero estructural para que el diseño de interiores no entre en conflicto con la estructura existente.
El uso más frecuente es la licencia de construcción ante curaduría urbana, que exige el paquete completo: arquitectónico, estructural, hidrosanitario y eléctrico. También sirven para reconocimiento de construcción, para legalizar obra ya ejecutada y para remodelaciones que requieren permiso.
Los dibujamos según la normativa urbanística y sismorresistente vigente (NSR-10) y según el POT del municipio correspondiente, para que el trámite no se devuelva por un detalle de forma. Cuando el proyecto lo necesita, coordinamos con arquitecto e ingeniero que firman los planos correspondientes: la elaboración de planos no reemplaza la firma del profesional competente.
Y hay un segundo uso, menos visible pero igual de importante: los planos son la herramienta de la obra. Un proyecto de interiorismo sin planos de carpintería y de detalles se ejecuta a interpretación del maestro, y ahí es donde el resultado se aleja del diseño.
Entregamos el paquete en DWG editable y en PDF a escala, listo para radicar y para llevar a obra.
El paquete se ajusta hasta que el diseño se cierra. Las revisiones por cambios de decisión propia se cobran aparte y siempre se avisan antes.
Un paquete de interiorismo residencial toma entre 2 y 4 semanas desde el levantamiento. Si hay trámite ante curaduría, el plazo del trámite es independiente.
Depende de la superficie, del número de niveles, de cuántos planos técnicos incluya y de si el proyecto requiere coordinación estructural. Se cotiza por escrito antes de empezar.
Si los planos forman parte de un proyecto de diseño de interiores completo, el paquete se integra al proyecto y no se cobra por separado.
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El paquete de planos empieza en el inmueble, no en el computador. Antes de dibujar una línea se recorre el espacio con cinta, nivel y plomada, y se verifica cada medida contra lo que hay. El levantamiento no consiste solo en tomar distancias: consiste en confirmar qué existe, dónde está y en qué estado. Un muro fuera de plomo, un vano que no coincide con su marco o una altura libre distinta a la que alguien recordaba cambian el punto de partida de todo lo que viene después.
Con la geometría real cerrada se dibujan las plantas y, sobre ellas, la distribución. Es la etapa donde se decide qué muro se conserva, cuál se retira, dónde va cada puerta y cómo circula una persona de un ambiente a otro. La planta se dibuja a escala y acotada, porque una distribución que solo funciona en un boceto no funciona en obra. Conviene resistir aquí la tentación de resolver el mobiliario antes que el espacio: el mueble se ajusta a la planta, no al contrario.
Después vienen los cortes y las fachadas. El corte es la prueba de la planta: muestra las alturas libres, los espesores de placa y de cielo, la posición de las ventanas y la relación entre niveles. Si una planta promete una altura que el corte no sostiene, el conflicto aparece en el dibujo y no en la obra. Las fachadas cierran la lectura exterior y obligan a definir remates, aleros, antepechos y el paso de las instalaciones hacia afuera.
Luego se coordina el dibujo con estructura e instalaciones, se revisa el conjunto con usted y se cierran los ajustes que salgan de esa revisión. Solo entonces se entrega. El orden importa: cada etapa se apoya en la anterior y ninguna se puede adelantar sin costo. Si el levantamiento queda incompleto, la distribución hereda el error, los cortes lo repiten y la coordinación lo esconde. Corregirlo al final obliga a repetir el paquete completo.
Un plano viejo, la copia que entrega una inmobiliaria o el plano que el constructor usó en su momento tienen algo en común: describen el inmueble como estaba previsto, no como quedó. Entre el dibujo y la realidad aparecen diferencias que nadie anotó. Muros que se movieron durante la obra, vanos que se ampliaron, entrepisos que no se ejecutaron a la altura del plano y redes que se desviaron para sortear un obstáculo.
Esas diferencias se pagan en obra. Un muro que no está donde dice el dibujo obliga a rehacer la distribución y a demoler lo construido con esa medida. Una altura libre distinta cambia el cielo, la iluminación y la carpintería de un ambiente completo. Una instalación que no coincide con lo dibujado convierte cada punto nuevo en una exploración del muro. El costo no es solo el material perdido: es el tiempo detenido y las decisiones que se toman a las carreras para no parar el trabajo.
Hay un límite que conviene decir con claridad: medir en sitio no elimina la incertidumbre. Hay elementos que solo se ven al abrir un muro o al retirar un cielo, y ningún levantamiento puede anticiparlos. Lo que sí hace la medición es reducir el número de sorpresas y dejar el proyecto preparado para las que queden.
La cara buena es que el levantamiento es la ocasión de mirar el espacio con calma antes de decidir. Al recorrerlo se identifican los elementos que hay que respetar, como la estructura, los ductos y los muros que sostienen, y también los que se pueden mover. Aparecen oportunidades que ningún plano muestra: una ventana tapada por un mueble, un vano que se puede recuperar, una circulación que se puede simplificar. Medir es el momento de decidir con información, y eso siempre sale más barato que decidir sobre una suposición.
Un plano sirve cuando quien lo usa en obra no tiene que deducir nada. Eso se traduce en cotas y niveles: la medida escrita donde se necesita, no la que se puede escalar con una regla. Cuando una dimensión falta, el maestro la resuelve con lo que tiene a mano, y esa interpretación es justo donde el resultado empieza a separarse del diseño.
Los detalles dibujados son los que hacen la diferencia más grande. Los remates que con más frecuencia se ejecutan mal son casi siempre los mismos: el encuentro entre el enchape y el piso, el borde de una ducha, el remate de un zócalo contra un mueble, la junta entre dos materiales distintos, la salida de una instalación en un muro que se va a enchapar. Son puntos pequeños y son los que no se resuelven con una nota. Dibujados a escala, el maestro ejecuta. Descritos en una frase, cada uno decide distinto.
El cuadro de acabados cumple una función parecida. Nombrar el material no basta cuando hay varias calidades, formatos o tonos con el mismo nombre comercial. El cuadro fija qué material va en cada superficie, con su referencia y su ubicación, y evita que dos personas interpreten lo mismo de manera distinta. Es también el documento que permite cotizar y comprar sin adivinar.
La diferencia entre un plano presentable y un plano útil no está en lo bonito del dibujo. Un plano puede verse impecable en pantalla y no servir para construir; otro puede ser sobrio y responder todas las preguntas. La prueba es sencilla: si el maestro puede ejecutar sin llamar por teléfono, el plano está bien. Si cada semana aparece una duda nueva, el problema no es la obra, es el dibujo.
Arquitectura, estructura e instalaciones se dibujan por separado y se encuentran en la obra. Cada disciplina resuelve su parte con criterio propio, y ninguna ve el conjunto si alguien no lo revisa. Ahí nacen los conflictos: pases que no caben en el espesor disponible, un cielo raso que no deja sitio para un conducto, un punto eléctrico que cae justo sobre una viga, un desagüe que tendría que atravesar un elemento estructural.
Ninguno de esos choques aparece en el plano de una sola disciplina. Se ven cuando los dibujos se superponen y se revisan a la misma altura, en el mismo corte y en el mismo punto. Ese cruce es el trabajo de coordinación: comparar niveles, verificar las alturas libres donde pasan varias redes a la vez, revisar los recorridos completos y no solo su llegada, y comprobar que cada perforación prevista sea posible en el elemento que la recibe.
El descuido sale caro justo aquí, por una razón de tiempo. Un conflicto entre disciplinas suele descubrirse con la obra avanzada, cuando el cielo ya está armado o el muro ya está levantado. Entonces las opciones son malas: romper lo hecho, bajar el cielo y perder altura, o mover un punto y dejar una instalación fuera de sitio. Cualquiera de las tres cuesta más que haberlo visto en el dibujo, cuando corregir es cuestión de mover una línea.
Antes de entregar revisamos el paquete con ese cruce hecho. Conviene decir también lo que no se puede prometer: hay condiciones del inmueble que solo se confirman al intervenirlo, y hay ajustes que la obra exige sobre la marcha. La coordinación reduce los conflictos previsibles y deja el criterio escrito para resolver los que no lo eran. Es la parte del paquete que menos se ve y donde un descuido cuesta más.
Generalmente se requieren planos arquitectónicos (plantas, cortes y fachadas), planos estructurales, hidrosanitarios y eléctricos. En OZZANA coordinamos el paquete completo para que cumpla la normativa de Bogotá, Cundinamarca y los municipios de la Sabana.
Sí. Dibujamos según la normativa urbanística y sismorresistente vigente (NSR-10) y según el POT del municipio correspondiente, para que el trámite no se devuelva por un detalle de forma.
La elaboración de planos no reemplaza la firma del profesional competente. Cuando el proyecto lo requiere, coordinamos con arquitecto e ingeniero que firman los planos correspondientes, y el costo de esa firma se informa por separado.
En DWG editable y en PDF a escala. El DWG te permite hacer ajustes futuros con cualquier dibujante; el PDF es lo que se radica y lo que se lleva a obra.
Un paquete de interiorismo residencial toma entre 2 y 4 semanas desde el levantamiento de medidas. Si el proyecto tiene varios niveles o incluye coordinación estructural, el plazo se amplía y se informa en la cotización.
Depende de la superficie, del número de niveles, de cuántos planos técnicos incluya el paquete y de si requiere coordinación estructural. Se cotiza por escrito antes de empezar, con el alcance detallado. Si los planos forman parte de un proyecto de interiorismo completo, se integran al proyecto sin costo adicional.
Sí. Elaboramos planos de levantamiento de obra existente, que sirven tanto para legalizar construcción ya ejecutada como para planear una remodelación sobre lo que realmente hay, y no sobre los planos originales que rara vez coinciden.
Los planos por sí solos no incluyen presupuesto. Si necesitas la cuantificación por partidas y la dirección de obra, eso forma parte de un proyecto ejecutivo, que puedes contratar por separado o junto con los planos.
Sí, si tu caso lo permite. Muchos clientes solo necesitan el plano de carpintería o el de iluminación porque el resto ya lo tienen. Lo evaluamos en la primera conversación y, si no tiene sentido hacerlo por partes, te lo decimos.
Sí. Locales, oficinas y consultorios requieren además planos de evacuación y cumplimiento de normas de accesibilidad según el uso, que incluimos cuando aplican.
El servicio de planos es 100 % remoto y funciona para cualquier ciudad: trabajamos con las fotografías y las medidas que nos envíes, o con una visita presencial en Bogotá y la Sabana Centro, donde está nuestro atelier.
Con una conversación sin costo. Nos cuentas qué necesitas —licencia, remodelación, legalización— y te decimos qué planos hacen falta, en cuánto tiempo y cuánto cuesta, por escrito.
Obtenga planos arquitectónicos precisos para cotización y trámites de licencias constructivas.